Relato de Manuela García Vadillo y de su nieto Antonio Santos Fuentes. El 10 de Julio de 2012.
Manuela tiene 86 años, pero está en pleno conocimiento y todas sus facultades están en buen estado. Es “pintora Naif”, con premios nacionales, provinciales y comarcales. Sigue practicando ese don con gran entusiasmo.
Su nieto Antonio Santos Fuentes, tiene 18 años, está en plenitud de vida, de juventud y de ilusión. Sigue estudiando y lleva a Fr. Jesús a quien reza. Juega en el equipo del pueblo, Arenas de San Pedro. –Ávila-. Ambos viven y están en Arenas de San Pedro.
Nos enteramos de una grata noticia sobre Fr. Jesús y acudimos a casa de Manuela García, viuda de Fuentes, que vive en Arenas de San Pedro (Ávila), Plaza de España 3, para que nos informara.
Manuela que estaba acompañada de su nieto Antonio Santos Fuentes nos contó, que el nieto Antonio Santos Fuentes, allí presente, cuando era niño -6 años- se quejaba de tener dolores en la rodilla derecha. Cuando comenzó los cursos de primaria, 6 años, estudiaba en el colegio de las Pastoras de Arenas. La tutora encargada observó que Antonio no participaba en los juegos como los demás niños. Le llamó para hablarle y le preguntó por qué no jugaba como lo hacían los demás. El niño la dijo que no podía correr porque le dolía mucho la rodilla derecha. La profesora llamó a la mamá del niño y le dijo que tenía que llevar a Antonio al médico para que le viera la rodilla. La madre lo sabía pero creía que el niño lo decía para no ir al colegio. En consulta con el médico del lugar, el Doctor le observó detenidamente y le dijo a la mamá que no le gustaba como estaba la rodilla, que era mejor que le llevaran a Ávila, para que en el hospital le hicieran radiografías y pudieran diagnosticarle mejor, ya que él observaba un peligro en la rodilla. Así lo hicieron los padres y ya en el hospital de Ávila, los doctores después de varias pruebas, radiografías y análisis, le descubrieron que tenía un tumor maligno de huesos en la rodilla y bastante desarrollado. Los doctores les recomendaron a los padres operarle cuanto antes a ver si era posible salvarle la pierna, porque tal vez tendrán que cortársela para intentar poner remedio a la grave situación. Y tratando de ser claros con los padres, con el fin de prepararles para afrontar la situación grave, les dijeron que el futuro del niño, en caso de superar el tumor, sería el ir en silla de ruedas. Este era el panorama que le diagnosticaron los doctores del hospital. Los padres ante tal situación, para poner remedio pidieron la operación para el niño cuanto antes, aceptando responsabilidades y las consecuentes situaciones que pudieran derivarse de tal operación.
Ante este peligro amenazante, la abuela Manuela, buena cristiana y devota de San Pedro de Alcántara, le encomendó la salud del nieto y también se lo encomendó a Fr. Jesús de la Cruz (que había muerto hace unos años), ya que siempre había tenido mucha amistad con la familia y les concedía gracias, pues sabía que Fr. Jesús vivió una vida muy santa, por eso le encomendó de forma especial la salud del nieto. Tenía las estampas de San Pedro de Alcántara y la de Fr. Jesús juntas metidas en la esquina de uno de sus cuadros en la cocina.
El caso es que la operación se realizó con urgencia y los doctores se interesaron mucho por la evolución del niño. Al día siguiente de la operación, notaron en el niño un cambio muy positivo e importante, ya que le vieron de pie, cosa que les extrañó a los doctores. Al segundo día el niño andaba con seguridad, no le dolía nada y se sentía muy contento. Unos, muy pocos días después, el niños saltaba de alegría y se sentía totalmente curado.
Ante tal situación los doctores estaban totalmente extrañados y se preguntaban qué había pasado en el niño. Les dijeron a los padre que no se lo explicaban lo que había pasado, y ellos mismos decía que era un milagro, que no encontraban explicación correcta de lo que había pasado, pero que el niño estaba curado. Esperaron unos días y le dieron el “alta”, regresando a su casa lleno de alegría y más para los padres que estaban muy preocupados por la vida del niño.
Apenas vino el niño del hospital, como abuela fui a verle inmediatamente. Y al verle tan bueno le dije a mi nuera: Fr. Jesús y San Pedro me han escuchado y han hecho el milagro. El niño se quedó mirándome y me preguntó: Abuela, ¿ese fraile que dices se parece a San Pedro? Yo le dije que sí, que se parecía mucho. Y el niño me dijo muy seguro: pues ese fraile es el que fue a verme al hospital. La abuela extrañada le dijo que no había ido ningún fraile a verle. El niño la dijo que sí, que un fraile calvo, alto y delgado fue a verle en el hospital, La abuela le dijo para tranquilizarle: hijo mío, eso no puede ser, porque hace cuatro años que murió. El niño insistió: pues abuela, ese fraile está vivo porque fue a verme al hospital. Ante la insistencia la abuela le dijo: ¿Y qué te dijo? Se acercó a mí, me preguntó sonriente qué me pasaba, y después me puso la mano en la frente y me dijo: “No tengas miedo, ya estás curado, bonito”. Luego se retiró un poquito y ya no le vi más.
La abuela y la madre se miraron emocionadas y llenas de admiración de lo que decía Antoñito, pues era un niño que no mentía y menos inventarse al fraile que nunca lo había visto. Ante la seguridad de lo que decía el niño, comenzaron a reflexionar y darse cuenta de lo que había acontecido y de cómo tenían razón los mismos médicos que decían. “Que no se lo explicaban y ellos mismos decía que era un milagro, que aquello no tenía explicación, que no sabían lo que había pasado, pero que el niño estaba curado”. Esta era la razón que lo explicaba todo. Dios, por medio de Fr. Jesús, había intervenido y los ruegos de la abuela Manuela habían sido escuchados. ¡Es un milagro que Fr. Jesús nos ha hecho! ¡Se ha acordado de los amigos! ¡Bendito sea Dios!
Por el interés que revestía el hecho, lo dijeron a los frailes por teléfono. No recuerdan con quién hablaron, aunque al parecer, el religioso que les atendió no le dio mucha importancia. Han pasado los años y al leer el libro sobre la vida de Fr. Jesús, “Vivir con pasión”, la abuela Manuela emocionada, nos lo ha contado directamente a nosotros, pero con el nieto delante que ya tiene 18 años quien da fe de lo que dice la abuela..
Antonio, cuando terminó la abuela de hablar, nos dijo: Tal y como la abuela lo ha contado ha sucedido. Recuerdo aquel momento con gozo y nunca lo olvidaré. Fue un momento de gracia para mí, pues de tener que ir en silla de ruedas, como me diagnosticaron los doctores a estar sano y poder jugar en el equipo de fútbol del pueblo, hay un abismo de diferencia. Y eso en caso de vivir, pues el tumor era maligno y no se sabe cuál sería el resultado final. En cambio, hoy estoy totalmente curado, no me resiento de nada y no tengo ningún dolor. Sólo me ha quedado de recuerdo esta enorme cicatriz de la operación, pero está sana y bien curada. Para mí Fr. Jesús ha sido mi santo protector. Le doy gracias y siempre le recordaré. Que Dios le dé el premio de los altares.
Muy gustosa Manuela testifico todo esto en Arenas de San Pedro –Ávila- para gloria de Dios Padre. Así nos dijo. Presentada esta redacción para que corrigiera lo que no es correcto, nos dijo: tal y como está lo firma ella:
Manuela García Vadillo