Fr. Jesús, solo ante Dios en túnica de pureza y manos vacías.


El ser humano es frágil como la arcilla,
es blando como un montón de nieve,
es duro como la roca del monte.

Somos una pregunta.
Interrogan las manos, la túnica,
el escorzo de la cabeza, los ojos.

La respuesta es llenarse de luz,
en la sinceridad de la pobreza,
y mirar a quien nos envía.

¿Quién eres, Señor?
Tú tienes el esplendor del Universo.
Ilumíname con la Claridad de Tu Presencia.