La vida del claustro es paz, silencio interior, vida de oración.


La vida cambia.
El origen de toda misión es la vida interior,
una presencia viva
de Dios habitando entre nosotros.

He vivido en pleno silencio
y entre la multitud,
entre las cazuelas,
sartenes y perolas de la cocina,
entre grifos y terrajas,
clavos y fontanería,
yeso y cemento.

Todo ha sido mi pasión.
Pero el origen ha sido el amor de Dios
que me movía hasta vivir todo con pasión.

Este puede ser uno de mis retratos:
en el interior y en el exterior.

Os miro y os quiero.